La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 22 de enero de 2012

El clientelismo “revolucionario”: notas sobre los piqueteros contemporáneos de Jujuy y Salta

Los “colombianos” de Jujuy

En los últimos tiempos se ha vuelto común que las comisarías jujeñas informen sobre la detención de ciudadanos colombianos que fueron atrapados delinquiendo. Hay, al parecer, una ola de malvivientes provenientes de Colombia que se están instalando en nuestro país para dedicarse al crimen. Es lo que se denomina “la globalización del delito”: mafias transnacionales se expanden fuera de sus lugares de origen, para extender su peligrosa influencia en diversas partes del mundo y ampliar sus negocios ilegales empleando sus propios conocimientos en la materia.

Pero los colombianos de Colombia constituyen una preocupación menor en el imaginario de la gente decente que habita la provincia de Jujuy, puesto que hay otros colombianos que, últimamente, se han tornado un problema más patente. Nos referimos, claro, a los “colombianos” de la Organización Barrial Tupac Amaru. Hace unos meses esta facción, liderada por Alejandro “Pilo” Mansilla, se escindió de la ONG que comanda Milagro Sala para formar la Agrupación Social 27 de Octubre (organización  que lleva ese nombre en conmemoración a la fecha en que Néstor Kirchner decidió renunciar a la vida).

No se sabe muy bien por qué exactamente a algunos tupaqueros se los denominaba “colombianos”, pero si no caben dudas de que La 27 nació con padrinazgos destacados. El más importante de ellos es el de Emilio Pérsico, principal referente nacional del Movimiento Evita y ex-subsecretario de Desarrollo Social de la Nación. También contaron en una primera instancia con el apoyo de varios dirigentes pertenecientes al PJ provincial, pero el vínculo se rompió muy rápidamente cuando se comprobó que el aporte que esperaban de La 27 a los resultados electorales no resultó ser lo que se había calculado.

Oficialmente La 27 nació jactándose de ser el ala moderada y dialoguista de la Tupac Amaru, cuyo propósito consistiría en renovar las prácticas que rigen al submundo de las organizaciones sociales con el fin de extinguir el reinado entre el proletariado local de la ñusta Sala y reemplazarlo por una utopía democrática. Empero lo que se rumorea es que el auténtico objetivo de la ONG era el de quitarle a la constructora de Sala el negocio de las viviendas que se iban a erigir tras el reparto apresurado de terrenos que hizo el gobierno después de los violentos desalojos de ocupas en las tierras de la empresa Ledesma SAAI (concluidos los enfrentamientos entre los piqueteros y la policía, fue la propia Sala quien, como si fuese una Ministra de Vivienda, organizó un censo de necesitados, distribuyó según sus criterios a los terrenos que se expropiaron después y armó un plan de “soluciones habitacionales” de varios millones de pesos para ser puesto en marcha cuanto antes). Mansilla, el otrora lugarteniente de Sala, se pronunció públicamente en contra de la mano que le daba de comer, sosteniendo que su nueva ONG no iba a imitar el estilo verticalista de la Tupac Amaru y afirmando que ellos no tenían pensado hacer desmanes de ningún tipo. Sin embargo, al poco tiempo, “Pilo” traicionó a sus propias palabras.
 
En efecto, pasadas las elecciones para intendente de San Salvador de Jujuy (evento realizado, insólitamente, durante el mes de noviembre, cuando el calendario electoral de todo el país ya había concluido), La 27 se reconoció jaqueada. Pasó que Milagro Sala, confesa kirchnerista, declaró unos días antes de concurrir a las urnas que ella y sus acólitos apoyaban la reelección de Raúl Jorge, el jefe municipal ucerista, un confeso anti-kirchnerista; La 27, por su parte, se alineó detrás del gran derrotado Pedro Segura. Unas semanas después de aquella “fiesta cívica” de los sufragios, a mediados de diciembre pasado, La 27, aislada en el ámbito de la política provincial, salió a tomar las calles para demostrar que su sola fuerza les bastaba para existir. Hubo piquetes en todo Jujuy, pero los de la capital provincial fueron particularmente molestos y violentos. Al mismo tiempo, mientras La 27 bramaba, la Tupac Amaru movilizó a los suyos sólo para dejar en claro que ellos los superaban ampliamente en número. El mensaje al gobierno fue directo: “o los ningunean y los liquidan, o el quilombo lo vamos a armar nosotros”. Hubo algunas maniobras más por parte de Mansilla para dar a conocer su bravura (como la toma del Ministerio de Desarrollo Social) pero el gobierno provincial se encargó de desarticular a la fuerza liderada por “los colombianos”.

Fue así que las 5.000 voluntades que había reunido el emisario de Pérsico lo abandonaron, reagrupándose en torno a la Unión Popular Jujeña, quienes negociaron la distribución de algunas dádivas con las autoridades actuales de la provincia, y se posicionaron a mitad de camino entre la “autonomía” adicta al gobierno fellnerista y su retorno paulatino a las filas de la Tupac Amaru. La 27, convertida en una pyme, subsiste con lo que le envían desde la cartera ministerial que dirige la hermana del presidente enterrado.

Dos poderes, una provincia

Hace ya dos décadas que la ciudadanía de Jujuy vive con la constante amenaza de las ofensivas piqueteras. Carlos “El Perro” Santillán fue el gran precursor de las protestas violentas: liderando el Sindicato de Empleados y Obreros Municipales (SEOM), este sujeto rara vez vacilaba a la hora de cortar calles, ocupar edificios públicos y chocar contra la policía. Se vivía por aquella época el vaciamiento del Estado impulsado por los tecnócratas neoliberales del menemismo. Además la cultura de la solidaridad terminaba de ser socialmente desplazada por el individualismo, el materialismo y el banalismo. En ese escenario la violencia –tal y como la planteaban Santillán y su pandilla– era una de las salidas más viables para conseguir algo de eco en los reclamos. Se le sumaba el hecho de que los que se movilizaban eran, en su gran mayoría, jubilados y desocupados, es decir trabajadores pasivos cuyas huelgas no perjudicaban a nadie más que a si mismos, por lo que, ante la falta de respuesta de los canales institucionales derruidos, su única opción era tomar medidas drásticas. Así el piquete (estrategia sindical arcaica destinada a bloquearles las entradas a los lugares de trabajo a los esquiroles en épocas de huelga) comenzó a acontecer en las calles y en las rutas, involucrando por consiguiente a mucha gente que era ajena al conflicto. Esa práctica se mantiene viva hasta el día de hoy, por lo que la paz social en la provincia norteña siempre corre peligro de colapsar por culpa de unos cuantos inadaptados.

En el último lustro del siglo pasado hubo una verdadera ebullición de la cultura patoteril piquetera en la Argentina. La Corriente Clasista y Combativa (CCC), el sello que agrupaba a los principales cultores del piquete, creció impensadamente durante aquellos años. Detrás de esa organización social estaba el Partido Comunista Revolucionario (PCR), es decir los náufragos del maoísmo. Históricamente el PCR fue una embajada de negocios de China –lo que lo llevó a apoyar a Isabel Perón y a Carlos Menem ante la posible vía comercial sino-argentina que se abría bajo esos liderazgos, del mismo modo que el Partido Comunista (PC), una embajada de negocios de la URSS, apoyó a la Revolución Argentina y al Proceso de Reorganización Nacional por razones análogas–, sin embargo, a mediados de la década de 1990, con la Guerra Fría finalizada, China no necesitó más de las células maoístas de otros países para hacer negocios en el extranjero, lo que hizo que el PCR se viese obligado a buscar algún motivo real para mantener activa a su estructura. A ello lo encontraron en el incipiente piqueterismo que había surgido en algunas provincias: pronto el PCR se descubrió organizando a esos grupúsculos, lo que movió a otras fuerzas izquierdistas a hacer lo mismo, para terminar finalmente con toda clase de malandrines armando a sus patotas de desempleados. El clásico puntero barrial pejotista o ucerista, súbitamente, se tuvo que adaptar a ese tipo de organización para mantener su vigencia.

Sobre el cambio de siglo, “El Perro” Santillán aparecía como el gran antagonista de Domingo Cavallo, el economista estrella del menemismo y del delarruísmo. Pero tras la crisis de 2001, lo que menos necesitaba el país eran laburofóbicos con ínfulas de grandeza como Santillán, por lo que este dirigente gremial fue cercado por vía judicial, y domesticado con algunos regalos que el poder le efectuó.

Cuando Santillán por fin se apagaba y comenzaba a desaparecer de la escena política nacional (e incluso de la provincial) un nuevo problema vio la luz: Milagro Sala. Esta mujer de pequeño tamaño pero de carácter cimarrón provenía de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), un sindicato progresista integrado en la aún más progresista Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), un verdadero nido de frepasistas y gente de esa calaña. Su ONG tuvo un arranque lento, y alcanzó su despegue al reconvertirse como una agrupación territorial que tenía entre sus proyectos el realizar obras concretas para mejorar la calidad de vida de la gente con necesidades básicas insatisfechas de San Salvador de Jujuy. Por diversos contactos se estableció una línea directa de comunicación entre Milagro Sala y Alicia Kirchner –Ministra de Desarrollo Social de la Nación desde 2003– y el dinero comenzó a fluir en enormes cantidades.

En realidad esos vínculos estrechos entre gobiernos y organizaciones sociales son previos al kirchnerismo (tanto Menem como De la Rúa los utilizaban para desgastar a gobernadores opositores), pero la gavilla santacruceña tiene el mérito de haberlos profundizado hasta niveles insospechados.

Lo curioso del caso jujeño es que el kirchnerismo se armonizó muy rápidamente con el otrora duhaldista Eduardo Fellner –el gobernador que mandaba en la provincia cuando el presidente fallecido y sus secuaces llegaron a la primera magistratura de la Nación–, por lo que se gestaron dos polos de poder: uno social para captar a los sectores populares y otro político con la misión de conseguir la aprobación de la clase media. En el resto de las provincias los esquemas de poder eludieron ese bipolarismo y se ordenaron piramidalmente en torno a la figura de peso del gobernador. ¿Por qué en Jujuy se alentó desde Buenos Aires la consolidación de un caudillaje paralelo? La respuesta permanece en secreto hasta nuestros días, pero lo que se sospecha es que algo tiene que ver con el hecho de que Jujuy es un espacio geoestratégico clave debido a su cercanía con Bolivia, la tierra de los grandes cocaleros.

En la actualidad la Tupac Amaru cuenta con casi unos 70.000 miembros distribuidos en 16 provincias (65.000 de los cuales residen en Jujuy, lo que equivale a algo así como el 10% de la población provincial). La organización ha adquirido fama internacional por su trabajo en torno al mejoramiento de la habitabilidad de algunos espacios de Jujuy, logrando socializar espacios como las piscinas que antes eran considerados inmuebles de lujo. También se ha difundido el dato de que Milagro Sala ejerce el mando de su macroempresa con puño de hierro –cosa que llama la atención puesto que a la Tupac Amaru la codirige Raúl Noro, un “pacifista” que formaba parte de la secta New Age que Mario Rodríguez Cobos, el infame “Silo”, refundó en la década de 1980 bajo el nombre de “Partido Humanista”.

Algo que suele hacer esta lideresa, por ejemplo, es construir viviendas y retener para si los títulos de propiedad, por lo que después despliega un fiero control sobre el tupaquero beneficiado con un techo: hay testimonios de personas que aseguran que, luego de haber sido acusadas de algún tipo de desviación de las directivas de la Tupac Amaru (rupturas de reglamentos que van desde el haber ejercido la violencia doméstica hasta el haberse negado a participar de alguna marcha organizada por la organización), fueron desalojados de sus residencias por la propia Milagro Sala, en operativos que se efectuaron sorpresivamente en horas de la madrugada. Durante esas noches de expulsión –afirman los damnificados– no faltaron las amedrentadoras armas de fuego. El férreo disciplinamiento ha conseguido que sean muy pocos los tupaqueros a los que se los puede acusar de haber escogido el delito por carrera, ya que no es común encontrar a alguno de los miembros de la organización denunciado por hurto, robo o estafa (aunque habría que ver cuántos de ellos están en la órbita del narcotráfico, del contrabando y de ese tipo de delitos).

No es exagerado sostener, entonces, que en Jujuy hay dos grandes actores políticos en pugna: mientras uno se refugia en el “legado belgraniano”, la “generosidad” de la UNESCO y el pintoresquismo localista de cerros y llamas à la Fortunato Ramos, el otro se embandera detrás de un trapo colorinche y evoca a Túpac Amaru II (usando exactamente el mismo logotipo -un rostro de Gabriel Condorcanqui sobre una "A"- que inventase en su momento el gobierno del dictador Juan Velasco Alvarado para usufructuar la figura del caudillo peruano), Ernesto “Che” Guevara y Eva Duarte de Perón. Ambos compiten por lo mismo: el dinero que el Estado nacional envía a una provincia que gasta más de lo que recauda.
  
La cultura del apriete

La relación entre la Tupac Amaru y el gobierno de Jujuy lleva casi diez años de permanente tensión. Una organización que nació para distribuir planes sociales mientras empuñaban enfermizos ideales es hoy en día un pequeño imperio de “defensor sociales” que lucran con las necesidades y la ingenuidad de los que menos tienen. Ello se debe a que el gobierno de este país desperdició una década para lentamente abandonar la vida ordenada en torno a los subsidios, que es lo que dio nacimiento a la práctica del piquete en la Argentina. Ahora salimos de ese mundo bruscamente, porque los recursos para mantener ese escenario improductivo se agotaron, y a raíz de ello surgen las Leyes Antiterroristas y cuestiones por el estilo. Los piquetes que creíamos extintos están retornando, pues lo cierto es que éstos nunca se fueron sino que sólo se trabajó para congelarlos durante un tiempo, haciéndonos creer a los argentinos que los multimillonarios de la Casa Rosada le habían devuelto la dignidad al pueblo.

Algo que se afianzó bajo el reinado de los Kirchner es la “cultura del apriete”. Quien la describió lúcidamente fue el intelectual socialdemócrata Álvaro Abós. Básicamente lo que este escritor dice es que las instituciones republicanas están tan estropeadas que cualquiera que quiera que su reclamo sea oído en la Argentina de hoy no tiene muchas más alternativas que hacer un golpe de efecto (un escrache, un piquete, una toma, etc.) que, seguramente, perjudicará al prójimo inocente de manera directa. Y si todos –esto es estudiantes que ocupan sus colegios, médicos que sólo atienden casos de urgencia, policías que se autoacuertelan, etc.– “aprietan”, entonces el Estado también puede hacerlo, debido a que la represión de la protesta estaba supuestamente en suspenso gracias a la magnanimidad de este gobierno “popular” (aunque hubo muchas excepciones últimamente). Así es como se llega a naturalizar el tema de la discrecionalidad en el reparto de recursos: no sólo hay que ser oficialista para recibir beneficios, sino que también existe el riesgo de que si uno es opositor entonces será “apretado” por el gobierno para que desista en su actitud.

El cáncer social del piqueterismo debió de haber desaparecido al desarrollarse la reconversión económica planteada por Roberto Lavagna, pero en realidad se desparramó como el icor putrefacto alrededor de una herida que nadie se animaba a reconocer como abierta. En 2002, meses después del cataclismo de las cacerolas, la izquierda delirante se esforzaba por ver en la gran marea piquetera que no paraba de acrecentarse una fuerza social capaz de generar prácticas novedosas y disruptivas para construir un anteproyecto societal, allí donde simplemente habían protestas reivindicativas. Es decir, los exaltados de siempre leían un reclamo de “revolución” allí donde sólo había una exigencia de “contención”. Néstor Kirchner tenía la dura tarea de reconstruir o, al menos, recuperar la vida institucional que el menemismo y el delarruísmo habían demolido. Lo logró sólo parcialmente, abandonando todos sus proyectos de regionalización, superación del bipartidismo y defensa de la soberanía con los que se vendía durante la campaña presidencial de 2003. A los piqueteros este presidente no los disolvió ni los devolvió al orden, pues para eso tenía que conseguir constituir una república fuerte y este sujeto, en vez de ello, prefirió trabajar sólo para armar un país que enriquezca a sus socios y amigos. 

Era Cristina Fernández, la esposa de Néstor Kirchner, la que supuestamente inauguraría una etapa de “madurez” política. Esta señora fue presentada en 2007 como la madrina de las artes y las ciencias, la abanderada de los derechos humanos y la embajadora de la buena voluntad argentina alrededor del planeta. La presidente, “una estadista de primera categoría”, llegaba al poder para optimizar la calidad institucional. Pero al poco tiempo el oficialismo tiró a toda esa retórica por el retrete, puesto que el gobierno entró en una confrontación contra todos los sectores del campo que lo acusaban de estar sosteniendo el Estado con la sobreexplotación de sus esfuerzos. Néstor Kirchner, en sus años como primer mandatario de la Nación, había intentado evitar los encontronazos (especialmente porque siempre que chocó salió perdiendo, como le sucedió frente a Juan Carlos Blumberg o al obispo Joaquín Piña); Cristina Fernández, en cambio, aceptó ser un ariete de los grupos económicos que se veían afectados ante el final de la fiesta armada por el hombre que padecía de estrabismo. Así el discurso del oficialismo pasó de ser una loa a la democracia a un canto de guerra contra “las corporaciones y los monopolios”, y la lideresa del siglo XXI se convirtió en una montonera trasnochada que buscaba vengar a los desarrapados de sus compañeros caídos. Y ahí fue cuando el apriete se volvió más necesario que nunca y los argentinos aceptamos (o fuimos obligados a aceptar) vivir en un régimen donde lo que le corresponde a cada uno le llega sólo si está dispuesto a perturbar y/o a fastidiar a través de la violencia a los demás compatriotas.  

Ayer deseo, hoy también deseo

En la emisión del 21/07/10 del programa 678, la invitada Milagro Sala comentaba sobre las actividades de la Tupac Amaru. Cuando su testimonio concluyó, el politólogo José Natanson –que también estaba invitado al programa– apuntó que si en Jujuy no hubiera un “déficit de Estado” [dixit], o sea si la Argentina fuese “un país normal” [dixit], entonces una organización social como la de Sala no tendría razón de ser, ya que los ciudadanos recibirían todo lo que les corresponde sin necesidad de armar estructuras paralelas. Tras ese comentario, el conductor pidió el corte. Luego de las publicidades, el programa volvió al aire sólo para hacer una aclaración y retornar a las publicidades antes del cierre. La aclaración la hizo el propio Natanson tras un breve discurso de Sala en el que la jujeña negó la idea de un Estado ausente previamente enunciada por el politólogo; Natanson, con cierto nerviosismo, admitió que no se había expresado correctamente. Aclaró, básicamente, que “en un país ideal” [dixit] la Tupac Amaru sería una aberración y –con una concepción casi estalinista del Estado y de la sociedad civil– desestimó toda iniciativa privada de trabajo social. Evidentemente el tal Natansón recibió un “apriete” fuera del aire, lo que lo hizo repetir después su idea pero señalando que su discurso versaba sobre ficciones y no sobre realidades.

Ese cruce entre ficción y realidad, entre la transparencia feroz de Sabatella y el clientelismo despiadado de Insfrán, entre la edulcoración de la mentira por parte de Forster y los crudos puyazos centroizquierdistas de Sarlo, entre los planes de desarrollo humano inexistentes de Fellner y el ejército proletario de Sala, es lo que convierte a los kirchneristas en unos progresistas cínicos (o “progrecínicos”) que manejan un discurso en el que todas sus fechorías pasan a ser momentos necesarios en una lucha por la liberación, y en donde cada apriete que molesta a transeúntes o usuarios termina siendo un instante de conquistada dignidad (si los beneficia) o una provocación destituyente (si los perjudica).      

Un milagro para Castells

La noticia más reciente del universo piquetero es la mudanza que Raúl Castells realizó para instalarse en Salta. A Castells, que en las últimas elecciones había estado coaligado con Rodríguez Saá, le frenaron su irrupción en la Cámara de Diputados de la Nación luego de que se pusiese en marcha una patética cruzada para defender el cupo femenino, por lo que el caudillo piquetero se vio obligado a repensar su estrategia de cara a un año socialmente agitado.

El destino que eligió Castells es General Mosconi, un pueblo petrolero del norte de Salta, hogar de miles de desamparados. Con esta movida, Castells cambia el eje de construcción política que tenía: hasta el año pasado su movimiento trabajaba en la generación de un eje Rosario-Resistencia, que lógicamente debía expandirse hacia la Mesopotamia. Ahora, tras recibir escasa adhesión de la población de la Santa Fe socialista, el nuevo eje es Castelli-Mosconi. Aparentemente la expansión será hacia el NOA y el NEA.

Lo que resulta chocante de Castells es que este papanatas aparece en Salta con una remera del Che Guevara y al mismo tiempo denuncia una campaña de los ultrakirchneristas en contra de Juan Manuel Urtubey y de Jorge Capitanich, dos gobernadores presidenciables para 2015. Por tanto Castells llega al norte argentino para venderse como “el Milagro Salas de Salta y Chaco”. Su intención es tejer vínculos con el poder, ofrecerse como el brazo obrero-campesino de los pejotistas, y conseguir así la obra pública que perdieron en la región las Madres de Plaza de Mayo después de los últimos escándalos que protagonizaron los parricidas marxistas Pablo y Sergio Schoklender.  

De cualquier modo no se puede culpar a Castells por ser un oportunista. Quienes tienen la culpa de los Castells, los Sala, los Santillán y demás personajes son aquellos políticos corruptos y miserables que en los últimos ocho años no hicieron prácticamente nada para erradicarlos y que ahora los esperan con gases lacrimógenos, balas de goma y cachiporras listas para ser usadas.



Francisco Vergalito

4 comentarios:

  1. El contubernio entre Milagro Sala y el Chuli Jorge es bochornoso, porque todos nos acordamos como Milagro fue a escrachar a Gerardo Morales. Ahora le da frutos: si el accidente del chiquito electrocutado hubiese pasado en la pileta de la Española o de Independiente, el propio Chuli, que es arquitecto, estaría comandando los controles y aprovechando para hacer demagogia. Y si el accidente hubiese pasado en la pileta del parque San Martín, habría un quilombo gigantesco, con todos los medios linchando al Chuli. Pero como pasó en la Tupac, y Milagro está entongada con Dios y con el Diablo, ahora hay un silencio patético de todos en Jujuy.
    Carlos

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  2. Cuando "Perfil" publicó las fotos de Sala y Noro en Punta del Este mientras veían a Charly García en el Conrad, el matrimonio salió por todos los medios a dar explicaciones. Se les muere un niño y no ponen la cara ni para la foto (la versión que circula es que habían organizado un cumpleaños en torno a la pileta, montando un espectáculo de luces que luego no desmontaron del todo).

    Y lo de Castells, como bien dicen, no es más que un lance para acaparar lo que abandonaron los Schoklender. Lo más triste de todo es que junto al negocio de las construcciones, estos tipos caen con proyectos educativos y de desarrollo solar, puesto que se atribuyen la tarea de crear ciudadanía, ya que el Estado no la ha creado.

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  3. Hablando del apriete, en el norte de Salta a los indios se les dio por apretar. Para mejorar el sistema de telecomunicaciones, intentaron sabotear una antena de Telecom:

    http://www.fm899.com.ar/notas.asp?Id=56760&IdSeccion=2

    Es muy sospechoso. Me da la impresión de que los están mandando a hacer daño simbólico, como si fuesen una especie de Ejército Zapatista pero en nuestro país.

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  4. Estaba viendo un programa sobre las favelas en Brasil y se hablaba sobre los jefes de cada favela. Me llamó la atención, porque lo que el documental decía sobre los delincuentes brasileños era idéntico a lo que Milagro hace en el Cantri de la Tupac: organizan fiestas infantiles, controlan la seguridad barrial, resuelven pleitos familiares, les dicen a quien votar, les consiguen trabajos. La unica diferencia es que los jefes de las favelas son poderosos por el control del narcotráfico, mientras que Milagro es poderosa porque el Estado le pasa millones todos los meses.

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